LA SOLEDAD EN LA OSCURIDAD DE LA INCERTIDUMBRE.

Hay una soledad que no nace de estar solo, sino de amar profundamente y no saber qué lugar ocupamos en la vida de quien amamos.

Es la soledad de la incertidumbre.

La que aparece cuando el amor de una pareja se encuentra en la disyuntiva de elegir entre su propia felicidad y las exigencias de una familia.

Hay hijos que, sin comprenderlo, llegan a sentirse dueños de la vida de sus padres. Que confunden el amor con la pertenencia y sus propias necesidades con obligaciones que nunca terminan.

Olvidan que esos padres también fueron jóvenes, que también soñaron, que amaron, que renunciaron a tantas cosas y que, por ellos, habrían entregado hasta su propia vida.

Pero ¿quién les devuelve los años entregados?

¿Quién les reconoce el derecho a volver a enamorarse, a sentirse acompañados, a construir una felicidad que también les pertenece?

Un hijo debería ser sostén y alegría en el crecimiento emocional de sus padres, nunca el ancla que les impida navegar hacia una nueva primavera.

Porque amar a nuestros padres también significa aprender a dejarlos vivir.

Y hoy me encuentro aquí.

Siendo el compañero de la mujer que considero el amor de mi vida, pero habitando una incertidumbre que a veces me deja sin respuestas.

Soy el hombre que llegó por amor a una familia que no era la suya.

El extraño que intenta encontrar su lugar.

El hombre que, sin haber declarado ninguna guerra, a veces siente que se ha convertido en el blanco de batallas que no le pertenecen.

Y entonces me pregunto:

¿Dónde están los límites que todos deberíamos respetar?

¿Hasta dónde debe llegar la comprensión?

¿Cuánto debe soportar el amor para demostrar que es verdadero?

¿Quién es el culpable cuando la felicidad de unos parece convertirse en una amenaza para otros?

Tal vez la respuesta no esté en buscar culpables, sino en comprender que nadie debería construir su tranquilidad sobre la renuncia de otra persona.

Porque el amor no debería exigir cautiverio.

Ni el amor de los hijos.

Ni el amor de una pareja.

Y mientras intento comprenderlo, permanezco aquí, amando, esperando, preguntándome si algún día el amor podrá vivirse sin tener que defender su derecho a existir.

Porque hay noches en las que uno no teme perder el amor.

Teme perderse a sí mismo intentando conservarlo.

Y esa, quizás, sea la más profunda de todas las soledades:

La soledad en la oscuridad de la incertidumbre.

Oscar Deblasi
The Silent Feather 🪶
EL AMOR ES EL FIN.

NicaraguaPor Oscar Deblasi

Hay países que uno visita…
Y otros que se quedan viviendo dentro del alma.


“Nicaragua” nació como un homenaje a la calidez humana, a la tierra húmeda después de la lluvia, a los abrazos sinceros y a esos pueblos donde todavía se siente el corazón de la gente.


— Oscar Deblasi &

La poesía también puede ser una forma de agradecerle a una tierra.